HOJA PARROQUIAL, domingo XVIII del tiempo ordinario


La avaricia rompe el saco

Es lo que nos dice la sabiduría popular.
Cuentan (es un cuento) que un señor (o señora) era muy avaricioso. Uno de sus compañeros quiso darle una lección.
Le dio un pez y le dijo que ese pez se haría muy grande y cuando moriría todo él se convertiría en oro y así llegaría a ser una de las personas más ricas del mundo.
El señor con sumo cuidado se ocupó del pez que fue creciendo.
Por ello tuvo que habilitarle un pequeño estanque en el jardín de la casa. Pero con los cuidados del dueño del pez cada día se iba haciendo más grande.  Hasta que tuvo que procurarle un espacio enorme en una finca que poseía.
Para cuidar a este pez tan grande fue gastando enormes cantidades de dinero.
Un día el señor ya viejo falleció antes que el pez. Jamás se dio cuenta de que lo que le habían regalado era una ballena.

Guardaos de toda clase de avaricia

Los niños, a veces, juegan o jugábamos al “veo veo”. A lo mejor continúan haciéndolo, pero me da la impresión que con todos los móviles y demás … esos juegos han desaparecido. Y así nos lo pasábamos muy bien sin necesitar ningún objeto.
Era una manera de divertirnos
¿Que vemos ahora en nuestro mundo?
Vemos muchas cosas, vemos que se da en muchas personas una gran preocupación por tener. En muchos casos el dinero es el gran dios a quien ahora se le adora.
Algunos programas de la TV están centrados en concursos que fomentan el ansia de ganar, de tener….
Pero también vemos que hay muchas personas que son solidarias, que comparten sus cosas y lo que es más importante, que dan de su tiempo a manos llenas, que casi lo dan todo. No sólo dan cosas, sino que se dan a sí mimos
También los hay de estos, gracias a Dios.

Este domingo el Señor nos muestra el verdadero camino:
“Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado su vida no depende de sus bienes”
“Necio esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado ¿de quién será?”
Es una advertencia actual y que es bueno que la escuchemos con atención, es para nuestro bien.

Señor Jesús Tú nos adviertes de los peligros que ofrecen las riquezas, que es si no  son malas, lo malo está en el gran peligro que supone la  avaricia, el poner por delante a las cosas  y dejar en segundo plano a Dios y a las personas.
Si me fijo, Señor Jesús, en tu manera de vivir veo que nunca tú viviste para tener, no hiciste del dinero ni de las cosas ningún dios.
Señor Jesús, viviste para dar, para compartir, para entregarte a Dios y a las personas, por ello naciste pobre en un pesebre y moriste desnudo en una cruz llegando a decir que “ el Hijo del hombre no tiene donde  reclinar su cabeza”.
¡Qué actuales son tus advertencias! ¡No han pasado de moda!
El motor de una vida desprendida, solidaria es estar cautivado por tu persona y por el evangelio. Si eso se da todo lo demás es secundario y resulta fácil desprenderse, ser solidario etc.
Ayúdanos, Señor, Jesús, a ser seguidores tuyos y del evangelio, eso me parece que es lo fundamental.
No es nada fácil conseguirlo en este mundo que nos empuja a diario por otros caminos
Gracias, Señor Jesús, por tu testimonio y por tus palabras siempre actuales.
Con tu ayuda algo de bueno haremos.