Una curiosidad
Hasta la fecha, han habido 24 personas que
han fallecido.
De esas 24 ha habido 7 que han fallecido con
más de 90 años. O sea, una tercera parte
de los fallecidos ha superado los 90 años. Estos han sido: Pablo Arnau Gorris
93 años, Lucia Nácher Gargallo 92 años, Vicente Ventura Poré 92 años, María
Gracia Nebot Molés 92 años, María Gracia Bort Capella 96 años, José Meneu
Cantavella 92 años y Vicente Vilar Molés 93 años. Que descansen en paz.
EL CIELO
Un hombre, su caballo y su perro iban por una
carretera. Al parar cerca de un
árbol enorme, cayó un rayo y los tres murieron fulminados.
Pero el hombre no se dio cuenta de que había
abandonado este mundo y prosiguió su camino con sus dos animales. La carrera era muy larga y colina arriba. El
sol era muy intenso y ellos estaban sudados y sedientos.
En una curva del camino vieron un magnífico
portal de mármol, que conducía a una plaza con el piso de oro. El caminante se
dirigió al hombre que custodiaba dicha entrada
-
Buenos días. Buenos días, respondió el
guardián.
-
¿Cómo se llama este lugar? Es el cielo, respondió.
-
Qué bien que hayamos llegado al cielo, porque estamos sedientos.
-
Sepa que Vd. puede entrar y beber tanta agua como quiera.
-
Pero mi caballo y mi perro también tienen sed.
-
Lo siento mucho, pero aquí no se permite la entrada a los animales.
El
hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no
pensaba beber sólo. Dio las gracias al guardián y siguió adelante.
Después
de caminar un buen rato, extenuados les tres llegan a otro sitio, cuya entrada
estaba marcada por una puerta vieja, rodeada de árboles. A la sombra de uno de
esos árboles había un hombre durmiendo con la cabeza cubierta por un sombrero.
-
Buenos días, Señor, dijo el caminante. El
hombre respondió con un gesto de la cabeza.
-Tenemos
mucha sed, mi caballo, mi perro y yo.
- Hay una fuente entre aquellas rocas, dijo
el hombre indicando el lugar. Podéis beber toda el agua que queráis.
El hombre el caballo y el perro fueron a la
fuente y calmaron su sed. El caminante volvió atrás para dar gracias al hombre.
- Podéis volver siempre que queráis, le
respondió este.
- A propósito ¿cómo se llama este lugar,
preguntó el caminante?
- CIELO.
- ¿El cielo? Pero … ¿si el guarda del portal
de mármol me ha dicho que aquello es el cielo?
- Aquello no es el cielo. Era el infierno,
contestó el guardián.
El caminante quedó perplejo.
- Deberíais prohibir utilizar vuestro nombre.
Esta información falsa debe provocar grandes confusiones, advirtió el
caminante.
- De ninguna manera, increpó el hombre. En
realidad, nos hacen un gran favor, porque allí se quedan todos los que son
capaces de abandonar a sus mejores amigos.
Paulo Coelho
Moraleja:
Jamás abandones a tus verdaderos amigos.