HOJA PARROQUIAL, domingo XV del tiempo ordinario


LE DIJO TE QUIERO, CON UNA ROSA

Había una mujer que mendigaba todos los días para poder vivir. Su lugar preferido esa la puerta de la Iglesia. Dicen que había sido guapísima. Otros dijeron que descendía de las mejores familias de la ciudad.

Todas las noches contaba lo que le daban. La verdad que era poco lo que le daban y no le alcanzaba para poder comer una vez al día, que es lo que en verdad pueden comer los pobres.

Hubo alguno que se enamoró de ella y que a veces bebía porque la vida no fue buena con él.

Un día este hombre, que era mucho más joven que ella, le regaló una rosa. Siempre le daba algunas monedas sueltas; éstas que siempre sobran y que suele ser lo que normalmente se da a los pobres.

Al contemplar aquella rosa, por primera vez se le vio sonreír. Ese alguien no le daba unas monedas, pero le decía “te quiero” con una rosa. Ni siquiera miró al que se la entregó. No miraba a nadie. Pero dice la historia que desde entonces algo cambió en la vida de aquella mujer a quien alguien le había regalado una rosa. Con ella le dijo “te quiero”, con una rosa.


IMPORTANCIA DE LA COSAS PEQUEÑAS

Esta historia anterior me hace pensar en la importancia que tienen las cosas pequeñas: una mirada, una palabra, una llamada por teléfono, una visita, un saludo etc. ¡cuán importantes son!

No solemos ser capaces de grandes cosas, eso, de ordinario, no son asuntos nuestros, pero todos podemos, y de hecho así lo hacemos, tener algún gesto pequeño que pone paz o da alegría en el corazón de otra persona. Eso sí que es cosa nuestra.

Dios quiera que seamos capaces de ir sembrando por el mundo el bien con esos gestos pequeños, ordinarios de cada día que tanto bien hacen a las personas.

Y no olvidemos también lo contrario. Ese gesto pequeño de malicia, esa palabra insultante… dirigido a una persona ¡cuánto mal hace!

Lo pequeño, sea bueno o malo, posee una gran fuerza constructora o devastadora. Que Dios nos ilumine par que esos gestos diarios nuestros sean siempre positivos en bien de las personas.

PODEMOS ORAR SIEMPRE

Del diario de guerra de un oficial católico alemán.
“Frente de Rusia 1942; Nos toca guardia nocturna. Todo está en calma Mis pensamientos vuelan lejos. ¿Dónde bombardearán esta noche?
Llevo en la mano un anillo con su crucecita y sus diez muescas, es el rosario. Esa noche no paro de pronunciar nombres: mi madre, mi padre, mis amigos, el anillo gira y gira, un nombre tras otro, una familia….  Es mi rosario. Es mi oración por unos y por otros, por todos
¡Cuántas veces ese rosario me ha servido para entrar en contacto con tantas personas, es como una emisora de radio en permanente funcionamiento!
Por medio del rosario hacemos realidad la comunión de los santos, que nos une a todos por muy lejos que estemos
ASÍ SEA.