DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCION - HOJA PARROQUIAL


FELICES PASCUAS

Es lo que se dice estos días.

Jesús ha resucitado y de ello nos alegramos por él y por toda la humanidad.

Alegrémonos hermanos porque Dios ha vencido, porque la muerte no tiene la última palabra, porque de su resurrección todos participamos ya y un día lo será de forma plena. También nosotros viviremos para siempre.

Gracias Señor y ayúdanos para que vivamos la vida de resucitados, es decir la vida libre de pecado, la vida llena de amor a Dios y a las personas, la vida de hermanos, la vida de entrega por hacer presente en nuestro mundo la justicia de Dios,

Con la resurrección de Jesús ha comenzado el mundo nuevo que Jesús vino a instaurar en el mundo.

Ayúdanos Señor para que nosotros, con nuestras palabras y nuestros gestos, sepamos mostrar a todos que Jesús vive, que su evangelio es el mejor camino para vivir en nuestro mundo.

Queremos ser, donde nos encontremos, portadores de la vida de nueva de resucitados.

Con tu ayuda algo bueno haremos.


MADRE, ES QUIEN ENGENDRA VIDA

Dicen que había una mujer que siempre le gustaba comerse en la mesa lo que sobraba y que le gustaba la carne que tenía más huesos y era de peor calidad.

Dicen que era la última en acostarse y la primera en levantarse.

Cuentan que nunca se cansaba de estar de pie y servir a todos.

Dicen que tenía toda la paciencia del mundo y toda la ternura en su inagotable corazón.

También dicen que estaba dispuesta a hacer cualquier sacrificio por todos y que casi nunca se quejaba.

Dicen que siempre despedía al que se iba y que siempre estaba allí cuando regresaba.

Dicen que procuraba que todos se sintieran a gusto y que siempre salía en defensa del débil.

Junto a ella no había peleas.

Ella procuraba con todos los medios a su alcance que todo el mundo se sintiera bien.

Su casa, cuando estaba ella, es que no tenía comparación a cuando faltaba.

Cuentan de esta mujer que nunca supo de exigencias contra nadie, porque lo único que hizo en su vida fue pasar haciendo el bien. Siempre se ponía en el lugar del otro. No sabía decir más que gracias.

No es que fuera perfecta. Nadie es perfecto. Tenía sus defectos, pero procuraba corregírselos.

Como todos tenía sus fallos. A veces se olvidaba de alguna cosa. En alguna ocasión se enfadaba porque los suyos se peleaban por nada.

Ella reconocía sus errores y a veces, cuando no actuaba correctamente, pedía sencillamente perdón a quien fuera sin darle más importancia

Si los de casa estaban contentos ella también y si alguien de casa lo pasaba mal ella también. Sus alegrías y sus penas estaban en relación con lo que se vivía en su casa.

Un día se fue.

Ya nunca volvieron a verla en la casa.

De pronto, todos se dieron cuenta de que aquella mujer tenía algo especial.

Ya era demasiado tarde para llegar a darse cuenta de lo que significaba la ausencia de aquella mujer.

Se fue de puntillas. Nunca hizo ruido, pero cada vez es más grande el vacío que se siente sin ella.

En su vida nunca fue con exigencias para ella, pero sí que se enfadaba sobre todo cuando le hacían daño a alguien. No consentía ningún desprecio, ni ningún insulto por pequeño que fuera

Se me olvida decir que le gustaba que le llamaran sencillamente MADRE. Lo que era



¿No hay entre nosotros alguna mujer o muchas mujeres como esta?.

¿Verdad que si?

Muchas gracias a todas ellas.