EN VÍSPERAS DE
LA SEMANA SANTA
El próximo domingo celebraremos el Domingo de Ramos y con
este acto festivo y popular daremos comienzo a los actos de la Semana Santa.
La Semana Santa es el culmen del año litúrgico de la
Iglesia.
Los días de Semana Santa son los días centrales en los
que celebramos los principales misterios de nuestra fe.
Para nosotros lo más importante de nuestra fe es asumir
que Jesús, el hijo de Dios, se ha entregado por nosotros para que nosotros
tuviésemos y viviésemos la nueva vida, formásemos parte de la familia de Dios,
fuésemos hijos de Dios …. sabiendo que la muerte fue por Él vencida, resucitó.
Y por su resurrección todos nosotros también resucitaremos. Así sea.
Dispongámonos a participar en los actos que iremos
celebrando a lo largo de esta Semana Santa y procuremos sentirnos
protagonistas. En todos ellos podremos contemplar el gran amor que Dios nos ha
tenido y por otra parte la gravedad del pecado.
Que todo ello nos sirva para darle gracias a Dios y para esforzarnos
por vivir una vida más acorde con lo que Dios espera de cada uno de nosotros.
Por otra parte, bueno sería que actualizásemos la Semana
Santa.
Hoy en día hay muchas personas que, como Jesús, dan su vida
por los demás, a lo mejor están cerca de nosotros. Y hoy en día también hay
quienes renacen a la nueva vida de Cristo resucitado, quienes descubren que el
amor el que da el verdadero sentido a la vida.
MUJERES Y
HOMBRES IGUALES EN DIGNIDAD Y DERECHOS
La llamada a la complementariedad y a la comunión de amor
se sustenta en la dignidad absoluta que el Señor ha dado al hombre y a la
mujer, fundamento de todos los derechos y deberes. Es necesario custodiar,
educar y transmitir la verdad del amor, en el que se edificarán desde la
singularidad y la vocación del ser hombre y mujer. Pero constatamos que esa
armonía, muchas veces, está rota por el pecado y la injusticia.
Nos preocupan las desigualdades generadas, en muchos
sitios, por la falta de valoración de la mujer en su dignidad de persona, en su
vocación a la acogida del don de la maternidad, de la vida…; en la no
conciliación de la vida familiar y laboral; en las situaciones de
discriminación y abandono: madres solteras, violencia doméstica, la trata, o en
otras situaciones que debemos de prever o liberar, o en su caso acompañar y
apoyar mediante la educación y el acompañamiento
personal, cercano y eclesial.
En la discriminación laboral, de ordinario las mujeres
son las que sufren una doble carga de trabajo (compartir las tareas,
conciliación laboral y familiar, salarios justos…) A veces, muchas de ellas,
están abocadas a trabajos precarios para obtener una pensión indigna, después
de toda la vida trabajando.