5º Domingo de Cuaresma


EN VÍSPERAS DE LA SEMANA SANTA



El próximo domingo celebraremos el Domingo de Ramos y con este acto festivo y popular daremos comienzo a los actos de la Semana Santa.

La Semana Santa es el culmen del año litúrgico de la Iglesia.

Los días de Semana Santa son los días centrales en los que celebramos los principales misterios de nuestra fe.

Para nosotros lo más importante de nuestra fe es asumir que Jesús, el hijo de Dios, se ha entregado por nosotros para que nosotros tuviésemos y viviésemos la nueva vida, formásemos parte de la familia de Dios, fuésemos hijos de Dios …. sabiendo que la muerte fue por Él vencida, resucitó. Y por su resurrección todos nosotros también resucitaremos. Así        sea.

Dispongámonos a participar en los actos que iremos celebrando a lo largo de esta Semana Santa y procuremos sentirnos protagonistas. En todos ellos podremos contemplar el gran amor que Dios nos ha tenido y por otra parte la gravedad del pecado.

Que todo ello nos sirva para darle gracias a Dios y para esforzarnos por vivir una vida más acorde con lo que Dios espera de cada uno de nosotros.

Por otra parte, bueno sería que actualizásemos la Semana Santa.

Hoy en día hay muchas personas que, como Jesús, dan su vida por los demás, a lo mejor están cerca de nosotros. Y hoy en día también hay quienes renacen a la nueva vida de Cristo resucitado, quienes descubren que el amor el que da el verdadero sentido a la vida.



MUJERES Y HOMBRES IGUALES EN DIGNIDAD Y DERECHOS



La llamada a la complementariedad y a la comunión de amor se sustenta en la dignidad absoluta que el Señor ha dado al hombre y a la mujer, fundamento de todos los derechos y deberes. Es necesario custodiar, educar y transmitir la verdad del amor, en el que se edificarán desde la singularidad y la vocación del ser hombre y mujer. Pero constatamos que esa armonía, muchas veces, está rota por el pecado y la injusticia.



Nos preocupan las desigualdades generadas, en muchos sitios, por la falta de valoración de la mujer en su dignidad de persona, en su vocación a la acogida del don de la maternidad, de la vida…; en la no conciliación de la vida familiar y laboral; en las situaciones de discriminación y abandono: madres solteras, violencia doméstica, la trata, o en otras situaciones que debemos de prever o liberar, o en su caso acompañar y apoyar  mediante la educación y el acompañamiento personal, cercano  y eclesial.



En la discriminación laboral, de ordinario las mujeres son las que sufren una doble carga de trabajo (compartir las tareas, conciliación laboral y familiar, salarios justos…) A veces, muchas de ellas, están abocadas a trabajos precarios para obtener una pensión indigna, después de toda la vida trabajando.